Nada contaba ni tenía nombre,
El mundo era del aire que esperaba...
Túneles habitados por la luna,
Hangares crueles que se despedían,
Preguntas que insistían en la arena.
Todo estaba vacío, muerto y mudo,
Caído, abandonado y decaído,
Todo era inalienablemente ajeno.
Todo era de los otros y de nadie,
Hasta que tu belleza y tu pobreza
Llenaron el otoño de regalos.
Soneto XXV
Del Libro "Cien Sonetos de Amor"
(Autor: Pablo Neruda)






